lunes, 16 de febrero de 2009

el pisco peruano




El pisco es una bebida genuinamente peruana, resultado de la adaptación de la cepa traídas por los españoles a las nuevas tierras conquistadas. Las principales bases de lo genuino del Pisco son las estacas de vid y los conocimientos que en el cultivo de esta planta, aportaron los españoles a las que se añadieron todos los procesos y adaptación, la cual al aguardiente recién creado le dieron sus características peculiares de su entorno.

Precisamente fueron los Incas quienes admirados por la enorme cantidad y diversidad de "aves" que pudieron observar a lo largo de esta región costeña (ubicada aproximadamente a 200 km. al sur de Lima), utilizaron el vocablo quechua "Pisko" para denominar así a dicho valle, lugar en el cual se desarrolló la famosa cultura Paracas.

En la misma región existía, desde tiempos
inmemoriales, una comunidad de indios llamados "Piskos", los cuales eran ceramistas por excelencia y quienes, entre otros productos, elaboraban "botijas de arcilla" que tenían un recubrimiento interior de ceras de abejas en las que se almacenaban bebidas alcohólicas y chichas.

Posteriormente, cuando los españoles trajeron la uva a la región también se comenzó a almacenar el famoso aguardiente elaborado en la zona, resultando que, con el paso del tiempo, dicho aguardiente pasó a identificarse con el nombre del recipiente que lo contenía.
Las Botijas llamadas "Piscos" o "Pisquillos" servían para almacenar, transportar y embarcar el pisco puro de uva. A estas alturas comparten la misma nominación el aguardiente famoso, la botija que lo contiene y el puerto por el que se exporta .Los cronistas insisten en los muchos pájaros marinos que habitan en la región de Pisco que en lengua quechua significa precisamente ave o pájaro.

el potencial vitivinicola peruano

Escribe Manuel Cadenas Mujica
Foto de Eric Dañino
El reciente informe de la OIV (Organización Internacional de la Vid y el Vino) sobre el avasallador crecimiento del sector vitivinícola sudamericano en el concierto mundial del vino, ha incluido por primera vez en muchos años al Perú, con una presencia todavía tímida pero presencia al fin.

Indudablemente, no se le ocurriría ni al más despistado deducir que por esa referencia la elaboración de vinos en nuestro país le esté pisando los talones a la producción argentina y mucho menos chilena, por no decir que ni siquiera alcanza los niveles cuantitativos de Uruguay. Debemos pisar tierra firme en esas materias, porque esa condición tiene sus ventajas: en pocos países los consumidores pueden contar con una oferta tan variada de vinos de todo el orbe como en el mercado peruano.Sin embargo, nadie se apresure a lanzar bulas de excomunión todavía sobre el potencial que tenga el Perú en materia vitivinícola, especialmente en lo que se refiere a los vinos de alta gama.
El horizonte de la vid en el mundo ha cambiado tanto en los últimos años que lanzar sentencias doctorales afirmando que la vitivinicultura peruana está condenada a los vinos blancos, varietales de baja calidad o al pisco es poco menos que un atrevimiento, sino un ejercicio prejuicioso de poca ilustración. No sólo porque las ciencias agrícolas y enológicas han tomado rumbos inesperados, descubriendo lo hasta ayer imposible (prácticamente ya no existe lugar en el planeta en el que no se pueda cultivar uva para vinos de calidad), sino porque hasta la propia naturaleza ha querido cambiar el panorama de súbito a golpe de cambios climáticos con o sin calentamiento global.
De esta suerte, todo lo que se conocía hasta ayer no más sobre terruños aptos y no aptos para la vitivinicultura de calidad está en revisión.
Sin ir muy lejos, Argentina ha demostrado en los últimos veinte años que una serie de mitos eran solamente eso: mitos. Nicolás Catena, que recientemente nos visitara, se encargó de derribar aquel que excluía los viñedos por encima de los 700 metros sobre el nivel del mar. Y en cuestión de latitudes, la norteña Torrontés ha dado también un tiro de gracia a estas supercherías enológicas.
En el caso peruano, la situación se agrava si tomamos en cuenta que hasta el día de hoy no se han realizado estudios serios sobre zonas aptas para el cultivo de vides finas en el territorio nacional. Sin desdeñarlas, las que hoy son consideradas zonas vitivinícolas lo son en virtud de la tradición y no siempre cuentan con el respaldo de los resultados. Pero por un simple ejercicio de sentido común, no hay modo de que no existan estos terruños deseados en un país que comprobadamente cuenta con el 98% de los microclimas y hábitat naturales del mundo.
Nadie se lance, entonces, a la aventura de excluir al Perú de toda posibilidad de convertirse en un gran productor de vinos de alta gama.
El camino recién empieza, los pañales están intactos, pero la ciencia, la naturaleza y la prodigalidad del territorio peruano parecen soplar a favor.
fuente:periodistadigital.com

la ciudad del vino, marques de riscal


Vinos de los Herederos del Marqués de Riscal sigue escribiendo su historia en el siglo XXI con el desarrollo de la “Ciudad del Vino”, un proyecto que marca un antes y un después en la manera de entender el mundo del vino.

La Ciudad del Vino, situada en Elciego (Álava), es un complejo compuesto por la antigua bodega de Marqués de Riscal (1858), la más antigua de Rioja, así como un nuevo edificio diseñado por el arquitecto canadiense, Frank O. Gehry, y que acoge un hotel, un spa de vinoterapia, un exclusivo restaurante, así como un centro de reuniones y convenciones.

Sin duda, la Ciudad del Vino es un château del siglo XXI en el que disfrutar de las diferentes experiencias que ofrece el vino, un mundo lleno de sensaciones vivas.

sábado, 14 de febrero de 2009

temperatura de servicio de un vino



Servir un vino a una temperatura no adecuada puede modificar la percepción de las características del vino. La temperatura tiene más importancia de la que en principio se le puede suponer.


TINTOS

Los vinos tintos deben presentarse con un margen de temperatura que oscile entre los 16 y los 18 º C para que se puedan conservar todos sus matices y se perciban adecuadamente sus componentes. Una excesiva temperatura provoca que la volatilidad del alcohol inunde el paladar, haciendo imposible la captación de los distintos aromas. Es más con el calor, la evaporación de los alcoholes hace que afloren los aromas más fuertes y menos agradables del vino. Los tintos jóvenes pueden presentarse entre los 12 y 15º C para resaltar su frescura y matices florales, los crianzas entre los 16 y 18ºC y los de grandes añadas a 20ºC. Por tanto, nada de servir los tintos a temperatura ambiente y menos en verano. En verano será conveniente el enfrialos en una cubitera e incluso servirlos un poquito más bajos, porque a lo largo de la comida irán subiendo de grados.
BLANCOS Y ROSADOS
Los vinos blancos jovenes secos, se tomarán frescos, pero no muy fríos, entre 7 y 10º C para disfrutar de sus aromas de fruta. Una temperatura más alta destaca el alcohol y una excesivamente baja resalta su acidez y enmascara su personalidad.
Los vinos blancos dulces es aconsejable servirlos a 6ºC, temperatura a la cual se resalta su caracter frutal y su expresión dulce.
Los blancos con crianza, entre 10 y 12 º C . A temperaturas más bajas se pierden los aromas complejos del roble.
Los blancos generosos (manzanillas y finos) se deben servir entre 7º y 10º C
Para los vinos rosados se recomienda que la temperatura de servicio esté entre los 6 y 8º C.
CAVAS
La temperatura ideal recomendada para tomar el cava oscila entre 5º y 7º.
COMO LLEGAR A LA TEMPERATURA IDEAL :
Esta temperatura se consigue de modo gradual. Nunca metiendo el VINO en el congelador. Si se trata de un blanco, rosado o cava, hay que ponerlo en la nevera unas horas antes de servirlo. En la mesa, la mejor opción para conservarlo fresco es una cubitera con agua y hielo.
A RECORDAR :
Por debajo de los 5 º C no se pueden percibir de la misma forma los sabores.

fuente:sabor mediterraneo

viernes, 13 de febrero de 2009

cada vino en su copa


No son ni mucho menos rarezas de enólogos, la copa debe ser la adecuada para que el vino nos revele su historia.

Según la forma de la copa llegamos a descubrir más sensaciones de aroma y sabor con el mismo vino si se usa la adecuada. Científicos han probado con numerosos test que la forma de la copa tiene una influencia directa en la forma en la que se liberan las moléculas en el vino. Significa que si nos tomamos en serio el mundo de los vinos, debemos tener en cuenta este aspecto para el disfrutelo de manera absoluta.

Iremos por partes. Lo primero, escoger un buen cristal para nuestras copas, es igual de importante como el pie que debe estar al nivel del cáliz cumpliendo diferentes requisitos: no puede ser ni demasiado corto y debería permitir que la copa se pudiera sujetar sin tener que tocar el resto. La copa perfecta debe tener las siguientes características:

• Transparente
• Completamente incolora
• Hecha de vidrio fino
• Borde pulido
• Pie largo
• Cuenco oval o redondeado

Los aromas de un vino sólo pueden desarrollarse a una temperatura adecuada por eso, cuando el vino se sirve, hay algún aroma que se evapora inmediatamente y llena la copa. Cuando se hace rotar el vino en la copa, las paredes se humedecen y la fina capa de vino se evapora con mayor rapidez, de esa forma producen más aromas y más intensos. Sin embargo no llegan a mezclarse sino que permanecen en las capas horizontales. Si elegimos diferentes copas, vemos que la anchura y la intensidad de estas capas de aroma dependen enteramente de la forma del cuenco y el tamaño de la copa.

Los vinos tintos, en especial aquellos con mucho carácter, requieren una copa más grande que los vinos blancos. Para los vinos generosos, es aconsejable usar copas más pequeñas para que la fruta ascienda antes que el alcohol. Cuando elijamos las copas apropiadas debemos asegurarnos de que con ellas el vino puede revelar una historia a través de todos estos componentes químicos.

Seguro que hemos pensado, tras nuestros comentarios, que la copa perfecta existe. Así es, los artesanos cristaleros de Riedel, en Austria han buscado las copas de mejor calidad y más bellas durante generaciones, y no sólo para el vino. En 1973 lanzaron una esplendida serie de copas, las “Sommeliers” ante las que los más expertos debieron mostrar admiración.

Se diseñó una copa para cada tipo particular de vino, logrando las características especificas de un vino determinado. Hechas a mano, los entendidos las han calificado como de imprescindibles.

No olvidemos que una copa no es sólo una copa.

el servicio del vino

te video detalla los pasos que se deben seguir para servir correctamente un vino


descorchar un vino


Porque el descorche de un vino es alegría, es el comienzo de los placeres. Por eso hay que esmerarse en su cuidado y disponer de las herramientas necesarias para que se lleve a cabo con total precisión. El destaponado con estruendo a hueco, es la señal para la libertad y el goce del cuerpo y también del espíritu.
Destapar una botella con elegancia es algo que se agradece, como si fuera una señal, un presagio de que todo va a salir bien.
Luego viene el brindis, después la cata y luego, ... seguramente las confesiones de los amantes, y la comunión de los amigos en el transcurso de una buena reunión.
Vamos a dar algunas instrucciones para conseguir un descorche elegante, capaz de satisfacer a los degustadores más expertos y a los aficionados más exigentes.
El proceso del descorche:
1° - Se coloca la botella de vino sobre la mesa. Aunque sea muy frecuente, no debe hacerse "en el aire", sino con la botella apoyada en la mesa.
2° - Se corta la cápsula que recubre al corcho empleando la navajilla que lleva incorporado el sacacorchos llamado "de camarero" (el que se abre y tiene por un lado la espiral y por el otro la navajilla).
La cápsula debe ser cortada a la altura del segundo gollete.
3° - Se introduce la espiral en el centro del corcho y se gira a golpes de 180°. Debe girar el sacacorchos, nunca la botella.
4° - Cuando haya perforado la casi totalidad del corcho (sin que llegue a traspasarlo para evitar que las virutas caigan en el interior de la botella) sujete el primer saliente del sacacorchos con el borde del cuello de la botella y tire hacia arriba.
Una vez hayamos extraído el primer tramo, colocamos el segundo saliente en el borde del cuello y volvemos a tirar hacia arriba.
5° - Cuando ya esté casi fuera, realice movimientos circulares para que el aire penetre y salga con mayor facilidad.
6° - Tire ahora con suavidad, evitando el ruido que se produce con la completa extracción si el golpe final es fuerte.
7° - Tire en la cubitera u otro recipiente un golpe pequeño de vino, es posible que el corcho haya sido traspasado por la espiral del sacacorchos y haya depositado algunas virutas. De este modo, como quiera que las virutas se quedan flotando, nos libramos de ellas.
Hemos comentado el proceso de sacar el corcho de una botella de vino empleando el sacacorchos "de camarero", por considerarlo el más profesional.
En el caso de los vinos de jerez, el bonete sobre el corcho, permite la extracción directa sin ningún instrumento, por lo que bastará con recortar la cápsula superior y girar el tapón en ambos sentidos hasta que salga por completo.
Por su parte, el descorche del cava comienza por desrizar el alambre que sujeta al corcho y posteriormente tirar, girando con fuerza en ambos sentidos hasta que el tapón queda fuera y el cava sale con toda su fuerza. No es de buen gusto que suene estrepitosamente al salir. Para evitar el ruido, el tapón debe ser extraído suavemente, sin brusquedades y sin separarlo por completo de la boca de la botella. Tampoco se considera elegante que el tapón salte al aire, aunque esta costumbre es propia de ambientes festivos y, por tanto, no debemos reprimirnos si andamos de fiesta.

fuente: vinos y mas vino