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viernes, 5 de junio de 2009

descorchar una botella lacrada

1-Necesitamos: un paño limpio, la botella y un sacacorchos de espiral.

2-Hacemos una pequeña incisión en el lacre a la altura de la boca de la botella.

3-Vamos rotando apoyando el pulgar en el cuello.

4-Rodeamos toda la botella.

5-Hacemos otra incisión en el cuello de la botella y sacamos el lacre.

6-Introducimos la espiral del sacacorchos en el tapón a través del lacre y sacamos el tapón.

7-Limpiamos con el paño y listos para servir.

8-Botella, paño, sacacorchos de espiral, tapón y lacre. ¡Voilà!

fuente:directoalpaladar.com

sábado, 14 de febrero de 2009

temperatura de servicio de un vino



Servir un vino a una temperatura no adecuada puede modificar la percepción de las características del vino. La temperatura tiene más importancia de la que en principio se le puede suponer.


TINTOS

Los vinos tintos deben presentarse con un margen de temperatura que oscile entre los 16 y los 18 º C para que se puedan conservar todos sus matices y se perciban adecuadamente sus componentes. Una excesiva temperatura provoca que la volatilidad del alcohol inunde el paladar, haciendo imposible la captación de los distintos aromas. Es más con el calor, la evaporación de los alcoholes hace que afloren los aromas más fuertes y menos agradables del vino. Los tintos jóvenes pueden presentarse entre los 12 y 15º C para resaltar su frescura y matices florales, los crianzas entre los 16 y 18ºC y los de grandes añadas a 20ºC. Por tanto, nada de servir los tintos a temperatura ambiente y menos en verano. En verano será conveniente el enfrialos en una cubitera e incluso servirlos un poquito más bajos, porque a lo largo de la comida irán subiendo de grados.
BLANCOS Y ROSADOS
Los vinos blancos jovenes secos, se tomarán frescos, pero no muy fríos, entre 7 y 10º C para disfrutar de sus aromas de fruta. Una temperatura más alta destaca el alcohol y una excesivamente baja resalta su acidez y enmascara su personalidad.
Los vinos blancos dulces es aconsejable servirlos a 6ºC, temperatura a la cual se resalta su caracter frutal y su expresión dulce.
Los blancos con crianza, entre 10 y 12 º C . A temperaturas más bajas se pierden los aromas complejos del roble.
Los blancos generosos (manzanillas y finos) se deben servir entre 7º y 10º C
Para los vinos rosados se recomienda que la temperatura de servicio esté entre los 6 y 8º C.
CAVAS
La temperatura ideal recomendada para tomar el cava oscila entre 5º y 7º.
COMO LLEGAR A LA TEMPERATURA IDEAL :
Esta temperatura se consigue de modo gradual. Nunca metiendo el VINO en el congelador. Si se trata de un blanco, rosado o cava, hay que ponerlo en la nevera unas horas antes de servirlo. En la mesa, la mejor opción para conservarlo fresco es una cubitera con agua y hielo.
A RECORDAR :
Por debajo de los 5 º C no se pueden percibir de la misma forma los sabores.

fuente:sabor mediterraneo

viernes, 13 de febrero de 2009

cada vino en su copa


No son ni mucho menos rarezas de enólogos, la copa debe ser la adecuada para que el vino nos revele su historia.

Según la forma de la copa llegamos a descubrir más sensaciones de aroma y sabor con el mismo vino si se usa la adecuada. Científicos han probado con numerosos test que la forma de la copa tiene una influencia directa en la forma en la que se liberan las moléculas en el vino. Significa que si nos tomamos en serio el mundo de los vinos, debemos tener en cuenta este aspecto para el disfrutelo de manera absoluta.

Iremos por partes. Lo primero, escoger un buen cristal para nuestras copas, es igual de importante como el pie que debe estar al nivel del cáliz cumpliendo diferentes requisitos: no puede ser ni demasiado corto y debería permitir que la copa se pudiera sujetar sin tener que tocar el resto. La copa perfecta debe tener las siguientes características:

• Transparente
• Completamente incolora
• Hecha de vidrio fino
• Borde pulido
• Pie largo
• Cuenco oval o redondeado

Los aromas de un vino sólo pueden desarrollarse a una temperatura adecuada por eso, cuando el vino se sirve, hay algún aroma que se evapora inmediatamente y llena la copa. Cuando se hace rotar el vino en la copa, las paredes se humedecen y la fina capa de vino se evapora con mayor rapidez, de esa forma producen más aromas y más intensos. Sin embargo no llegan a mezclarse sino que permanecen en las capas horizontales. Si elegimos diferentes copas, vemos que la anchura y la intensidad de estas capas de aroma dependen enteramente de la forma del cuenco y el tamaño de la copa.

Los vinos tintos, en especial aquellos con mucho carácter, requieren una copa más grande que los vinos blancos. Para los vinos generosos, es aconsejable usar copas más pequeñas para que la fruta ascienda antes que el alcohol. Cuando elijamos las copas apropiadas debemos asegurarnos de que con ellas el vino puede revelar una historia a través de todos estos componentes químicos.

Seguro que hemos pensado, tras nuestros comentarios, que la copa perfecta existe. Así es, los artesanos cristaleros de Riedel, en Austria han buscado las copas de mejor calidad y más bellas durante generaciones, y no sólo para el vino. En 1973 lanzaron una esplendida serie de copas, las “Sommeliers” ante las que los más expertos debieron mostrar admiración.

Se diseñó una copa para cada tipo particular de vino, logrando las características especificas de un vino determinado. Hechas a mano, los entendidos las han calificado como de imprescindibles.

No olvidemos que una copa no es sólo una copa.

el servicio del vino

te video detalla los pasos que se deben seguir para servir correctamente un vino


descorchar un vino


Porque el descorche de un vino es alegría, es el comienzo de los placeres. Por eso hay que esmerarse en su cuidado y disponer de las herramientas necesarias para que se lleve a cabo con total precisión. El destaponado con estruendo a hueco, es la señal para la libertad y el goce del cuerpo y también del espíritu.
Destapar una botella con elegancia es algo que se agradece, como si fuera una señal, un presagio de que todo va a salir bien.
Luego viene el brindis, después la cata y luego, ... seguramente las confesiones de los amantes, y la comunión de los amigos en el transcurso de una buena reunión.
Vamos a dar algunas instrucciones para conseguir un descorche elegante, capaz de satisfacer a los degustadores más expertos y a los aficionados más exigentes.
El proceso del descorche:
1° - Se coloca la botella de vino sobre la mesa. Aunque sea muy frecuente, no debe hacerse "en el aire", sino con la botella apoyada en la mesa.
2° - Se corta la cápsula que recubre al corcho empleando la navajilla que lleva incorporado el sacacorchos llamado "de camarero" (el que se abre y tiene por un lado la espiral y por el otro la navajilla).
La cápsula debe ser cortada a la altura del segundo gollete.
3° - Se introduce la espiral en el centro del corcho y se gira a golpes de 180°. Debe girar el sacacorchos, nunca la botella.
4° - Cuando haya perforado la casi totalidad del corcho (sin que llegue a traspasarlo para evitar que las virutas caigan en el interior de la botella) sujete el primer saliente del sacacorchos con el borde del cuello de la botella y tire hacia arriba.
Una vez hayamos extraído el primer tramo, colocamos el segundo saliente en el borde del cuello y volvemos a tirar hacia arriba.
5° - Cuando ya esté casi fuera, realice movimientos circulares para que el aire penetre y salga con mayor facilidad.
6° - Tire ahora con suavidad, evitando el ruido que se produce con la completa extracción si el golpe final es fuerte.
7° - Tire en la cubitera u otro recipiente un golpe pequeño de vino, es posible que el corcho haya sido traspasado por la espiral del sacacorchos y haya depositado algunas virutas. De este modo, como quiera que las virutas se quedan flotando, nos libramos de ellas.
Hemos comentado el proceso de sacar el corcho de una botella de vino empleando el sacacorchos "de camarero", por considerarlo el más profesional.
En el caso de los vinos de jerez, el bonete sobre el corcho, permite la extracción directa sin ningún instrumento, por lo que bastará con recortar la cápsula superior y girar el tapón en ambos sentidos hasta que salga por completo.
Por su parte, el descorche del cava comienza por desrizar el alambre que sujeta al corcho y posteriormente tirar, girando con fuerza en ambos sentidos hasta que el tapón queda fuera y el cava sale con toda su fuerza. No es de buen gusto que suene estrepitosamente al salir. Para evitar el ruido, el tapón debe ser extraído suavemente, sin brusquedades y sin separarlo por completo de la boca de la botella. Tampoco se considera elegante que el tapón salte al aire, aunque esta costumbre es propia de ambientes festivos y, por tanto, no debemos reprimirnos si andamos de fiesta.

fuente: vinos y mas vino

decantar un vino


Pros y contras de la decantación.
Viejos o jóvenes. Ahora casi todos se decantan. El trasiego del vino desde su botella originaria a un frasco o recipiente distinto es una práctica muy extendida en los últimos años. La oxigenación del líquido, la eliminación de posos o el simple ornamento en el servicio son los motivos de un procedimiento que parecía reservado a los restaurantes de lujo y ha llegado ya a muchos hogares.

Emile Peynaud, afirma que la decantación sólo está justificada “cuando hay que perdonar algún defecto a un vino”, es decir, como procedimiento para disipar olores que se han podido desarrollar a lo largo de una larga crianza. O bien, en los jóvenes, cuando presentan recuerdos de la fermentación. En los últimos tiempos, cuando los vinos se consumen más jóvenes y con plazos de botella más cortos, las propias bodegas fomentan la oxigenación como imprescindible para que sus vinos sean degustados en plenitud de condiciones. Y no falta quien proclama “¡a decantarlo todo!”, una llamada como de carga de caballería que incluye a los blancos jóvenes.

El trasiego. Hay quien sostiene que es necesario decantar todo tipo de vinos y otros repudian el trasiego incluso en caso de existencia de posos. La operación de trasiego del contenido de una botella a un frasco o jarra tiene precisamente el motivo originario de separar esos depósitos sólidos (materia colorante u otros productos que pierden solubilidad por diferentes motivos) que el paso del tiempo deposita en el fondo de las botellas: se mantiene el recipiente en posición vertical o ligeramente inclinado (en los clásicos cestos que tanto abundan aunque no sean necesarios casi nunca) y los elementos sólidos se posan por decantación en el fondo; luego se trasiega la porción limpia del líquido.

La eliminación de esos posos, que son naturales tanto en vinos viejos como en algunos menos viejos que se embotellan sin ser sometidos a tratamientos de estabilización o filtración, tiene efectos secundarios. En la operación tiene lugar una oxigenación que en la mayor parte de los casos resulta beneficiosa, pero que no debe ser considerada como el ungüento amarillo que todo lo sana. Además, en determinados casos puede ser contraproducente.

Decantar, airear y jarrear. En la actualidad, en esa plaga de empobrecimiento del lenguaje que nos aqueja, se emplea la palabra decantación para designar dos y hasta tres conceptos diferentes. El etimológicamente correcto es la eliminación de residuos sólidos que previamente han decantado, es decir, se han depositado por decantación en el fondo de la botella.

El segundo es la aireación, como se conoce a la oxigenación destinada a disipar determinados olores de los vinos, debidos bien a su prolongada crianza en el ambiente reductor de la botella (son denominados tufos de botella), bien al recuerdo cercano de la fermentación (olores de reducción o tufos de fermentación).

Ese trasiego puede ser más o menos intenso en función de la naturaleza del olor o de la propia constitución del vino y puede llegar a ser un jarreo (el tercer concepto), es decir, un trasiego enérgico, casi como el escanciado de la sidra (cuyo origen, por cierto, es el mismo: eliminar tufos de fermentación del zumo de la manzana), de forma que se proporciona al vino una oxigenación intensa que le ayudará a ofrecer en plenitud sus cualidades.

A cada vino, su decantadora. Esas tres operaciones están indicadas para caldos con características diferentes y cuentan con sus instrumentos específicos, en este caso las frascas de decantación, las frascas de aireación y las jarras de trasiego. En la actualidad proliferan los recipientes de decantación (utilicemos el término unificador), con formas diversas y precios para todos los gustos. Esos diseños se pueden agrupar básicamente en tres tipos: patos, botellas y jarras. Cada uno ofrece unas prestaciones diferentes, si bien cualquiera podría ser utilizado para las tres funciones descritas, salvo para el jarreo, que requiere un recipiente de boca amplia.

En numerosas ocasiones se ha descrito el vino como un ser vivo, con más de 500 elementos interrelacionándose entre sí a lo largo de la elaboración, donde tiene lugar la transformación más importante, y luego en las fases de crianza en la barrica. En este periodo se produce una microoxidación debido a la entrada de partículas de oxígeno a través de los poros de la madera. Finalmente, se procede a la crianza en la botella, donde el vino evoluciona en ausencia de aire.

Del mismo modo que los seres vivos, los vinos envejecen. Uno viejo, guardado durante años en el ambiente cerrado de la botella, está ávido de oxígeno y al abrir el recipiente tiende a asimilarlo en grandes cantidades. La edad lo ha convertido en un producto delicado, con equilibrios no muy estables, y con una excesiva oxigenación podría ocurrirle lo mismo que a un anciano expuesto a una corriente fría: podría darle un catarro e incluso una pulmonía, se podría oxidar y perder en muy pocos minutos sus cualidades.

Sin embargo, ese vino necesita oxigenación para limpiar los tufos de botella (olor que recuerda al de las coles hervidas). Abrir la botella antes del servicio, como recomiendan los libros antiguos y quienes copian a sus viejos autores, no suele solucionar gran cosa, ya que la superficie de vino en contacto con el aire es muy pequeña; lo único que se suele conseguir es que el vino tome la temperatura del ambiente, casi siempre demasiado alta.

Lo recomendable es realizar una oxigenación moderada, de manera que no se someta a brusquedades a ese vino venerable. Los mejor es usar un pato, la frasca tal vez más clásica, que tiene forma de cuerpo de ave y termina en pico. Ese recipiente permite que el líquido se deslice suavemente por el interior de lo que sería la pechuga del pato y ofrece una superficie suficiente, ni tan reducida como en una botella ni demasiado amplia.

También se puede utilizar la botella, la forma más convencional, teniendo la precaución de inclinar el recipiente de manera que el vino no choque con violencia contra el fondo. Esas botellas especiales son las frascas de decantación más versátiles, ya que permiten una operación delicada, con el añadido de ofrecer al aire una limitada superficie de vino, lo que puede ser recomendable para caldos muy viejos.

Las botellas permiten también un trasiego enérgico, adecuado, sobre todo, para los tintos de línea más actual. Son productos en los que se ha buscado proteger los aromas que proceden de la uva, por lo que se tiende a limitar la duración de la crianza en barrica y, por tanto, el periodo en el que está asimilando oxígeno. Es frecuente que se muestren cerrados, un término utilizado en la cata que define a vinos un tanto tímidos a la hora de desplegar sus aromas pero que, con la toma de aire, se despiertan. Agradecen una decantación un tanto enérgica y tienen suficiente vigor como para no sufrir con ella.

fuente: el mundo, magacine